Contingencias ambientales en la ZMVM: causas e impacto

ICAyCC en los medios, José Agustín García Reynoso

 

Pepe Herrera | UNAM Global Revista    

Las tres contingencias ambientales registradas en lo que va de 2026 no son producto del azar ni responden únicamente a un aumento repentino de emisiones. De acuerdo con el Dr. José Agustín García Reynoso, investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la Universidad Nacional Autónoma de México, estos episodios surgen de la combinación de condiciones meteorológicas desfavorables y la presencia constante de contaminantes en la atmósfera.

García Reynoso explicó que la calidad del aire depende principalmente de dos factores: las emisiones y la meteorología. En el corto plazo, las emisiones —provenientes de vehículos, hogares, comercios e industrias— no suelen cambiar de manera drástica. Por ello, cuando se presentan picos de contaminación, el detonante suele ser atmosférico.

El papel de la alta presión y la radiación solar

El pasado 12 de febrero se estableció un sistema de alta presión sobre el centro del país. Este fenómeno generó cielos despejados, vientos débiles y alta radiación solar. Aunque pueda parecer favorable, estas condiciones dificultan la dispersión de contaminantes.

“En una cuenca como el Valle de México, rodeada de montañas, la estabilidad atmosférica propicia que los contaminantes se acumulen. La intensa radiación solar, además, favorece reacciones fotoquímicas que producen ozono, el principal contaminante que activa contingencias en la Zona Metropolitana del Valle de México”, expresó García Reynoso.

Los pronósticos climáticos apuntan a que 2026 podría ser un año particularmente cálido; con predominio de cielos despejados y vientos débiles, podrían generarse más episodios de mala calidad del aire, lo que hace aún más relevante fortalecer la prevención.

Registro histórico y patrones de contaminación

Estas condiciones atmosféricas no solo explican los episodios recientes, sino que ayudan a entender por qué la ZMVM ha registrado más de un centenar de contingencias ambientales desde 1988, según el histórico oficial del Programa de Contingencias Ambientales Atmosféricas (PCAA). Los años con mayor actividad fueron 1993 (12), 2016 (10) y 2024 (12).

El contaminante principal fue el ozono (O₃) con 88 contingencias, seguido por PM2.5 con 9 y PM10 con 7 eventos. Un caso extraordinario ocurrió el 14 de mayo de 2019, cuando se activaron simultáneamente PM2.5 y ozono.

Más de la mitad de las contingencias ocurren entre febrero y mayo, debido a la combinación de alta radiación solar, estabilidad atmosférica, escasa ventilación y ambiente seco. En contraste, los meses de verano y otoño presentan menor incidencia, mientras que diciembre y enero registran episodios asociados principalmente a partículas finas, influenciadas por inversiones térmicas y pirotecnia.

“Un aspecto importante a destacar es que los estándares ambientales se han vuelto más rigurosos. Hoy se declara contingencia con niveles que décadas atrás no lo ameritaban. Esto no significa necesariamente que el aire sea peor que antes, sino que las autoridades aplican criterios más estrictos para proteger la salud”, dijo.

Y agregó: “por ejemplo, ahora se consideran factores como la exposición prolongada a partículas finas y ozono, que anteriormente no se medían con tanta precisión. Esto refleja un enfoque más preventivo, centrado en la protección de la población vulnerable, como niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias”.

Más allá de los vehículos: los compuestos orgánicos volátiles

Aunque el parque vehicular suele señalarse como el principal responsable, la formación de ozono es más compleja. García Reynoso señaló que los vehículos emiten óxidos de nitrógeno, pero el ozono se forma a partir de reacciones entre estos compuestos y los compuestos orgánicos volátiles (COV).

Los COV provienen de múltiples fuentes: uso doméstico de gas, pinturas y solventes; actividades comerciales e industriales, fugas de gas LP, quemas agrícolas e incendios forestales, y emisiones naturales de zonas boscosas y agrícolas.

“Millones de pequeñas fuentes distribuidas en hogares y comercios pueden sumar un impacto considerable. Por ello es necesario actualizar inventarios de emisiones, mejorar la caracterización química y fortalecer la red de monitoreo”, explicó.

Expansión urbana y congestión

El crecimiento urbano también influye en la contaminación. Más población implica mayor demanda de transporte y, con ello, más congestión. Vehículos que circulan lentamente o permanecen detenidos generan mayores emisiones.

Las obras viales, aunque necesarias, pueden intensificar temporalmente la congestión. Por ello, el Dr. García subrayó la importancia de fortalecer el transporte público masivo, ampliar su cobertura y promover esquemas de movilidad integrales, así como fomentar el trabajo remoto cuando sea posible.

Impacto en la salud

Los episodios de contingencia ambiental buscan proteger la salud pública. La exposición a altos niveles de contaminación pueden provocar:

  • Irritación en ojos y vías respiratorias.
  • Empeoramiento de asma y enfermedades pulmonares.
  • Incremento de la presión arterial.
  • Mayor riesgo de eventos cardiovasculares.

“Las partículas finas pueden penetrar profundamente en los pulmones, afectar los alvéolos y aumentar la carga de trabajo del corazón. En personas con padecimientos previos, la exposición puede desencadenar complicaciones graves”, añadió el investigador.

¿Qué puede hacer la ciudadanía?

Aunque el problema es estructural, las acciones individuales cuentan. García Reynoso recomendó:

  • Usar energía eléctrica de manera eficiente.
  • Dar mantenimiento a vehículos y calentadores de gas.
  • Evitar quemas.
  • Reducir el consumo innecesario de combustibles.
  • Optar por transporte público o movilidad sustentable.
  • Reducir la exposición al aire ambiente contaminado

Un desafío compartido a nivel global

La contaminación atmosférica es un reto mundial. En ciudades como Beijing y Nueva Delhi predominan episodios por partículas; en París se activan

alertas por óxidos de nitrógeno y en Santiago de Chile destacan las partículas como principal problema.

En California, particularmente en Los Ángeles, se logró reducir significativamente el ozono mediante controles estrictos a compuestos orgánicos volátiles, regulación de pinturas y solventes, y mejoras tecnológicas en el transporte.

“La experiencia internacional muestra que es posible avanzar, pero que se requieren políticas públicas sostenidas, inversión en investigación y corresponsabilidad social”, concluyó el Dr. García Reynoso.

Vía: UNAM Global TV

 

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